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Industria farmacéutica ante el cambio climático 

Por Cristóbal Thompson, Director Ejecutivo de AMIIF

El calentamiento global se ha convertido en uno de los mayores desafíos de nuestra época. Los efectos del cambio climático amenazan tanto nuestro medio ambiente, así como nuestra salud física y mental. No se trata de miedos futuros, se trata de un escenario que ya nos alcanzó.

En la segunda entrega del Sexto Informe de Evaluación (AR6) del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) Cambio Climático 2022: Impactos, Adaptación y Vulnerabilidad, se vincula de manera más estrecha el bienestar del planeta con el bienestar de las personas.

Entre los muchos hallazgos clave de este informe, que reúne los conocimientos e investigaciones de 270 autores de 67 países, destaca que entre 3,300 y 3,600 millones de personas viven en áreas muy vulnerables al cambio climático. La degradación ambiental intensifica cambios en los ecosistemas como las olas de calor, sequías prolongadas, inundaciones intensas, heladas y aumento del nivel del mar. A medida que se incremente la ocurrencia de estos fenómenos climáticos, se espera que aumente, por ejemplo, la incidencia de enfermedades transmitidas por vectores (garrapatas, pulgas, mosquitos), como la enfermedad de Lyme, Chikunguña, dengue y virus del Nilo Occidental.

Las temperaturas más altas, las lluvias intensas y las inundaciones se asocian con un aumento de enfermedades diarreicas como el cólera, infecciones gastrointestinales y salmonella; también tienen una estrecha relación con problemas de salud mental como depresión, ansiedad y un mayor consumo de alcohol y otras sustancias.

El Acuerdo de París acordado en diciembre de 2015, tiene como objetivo reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) para mantener el aumento de la temperatura mundial por debajo de los 2 grados centígrados, así como desarrollar medidas de mitigación y adaptación al cambio climático. Todos los sectores de la economía mundial tenemos la responsabilidad de contribuir con este objetivo.

El cuidado con el planeta tiene una relación directa con las dinámicas productivas de la iniciativa privada, en donde la industria dedicada al sector salud es uno de sus componentes. En este contexto, la industria de innovación farmacéutica y el sector salud en su conjunto pueden seguir siendo parte de las soluciones para proteger a los pacientes, respondiendo a estos retos y compromisos con el medio ambiente en aspectos como la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

El sector salud se rige con normas y políticas que implican una gestión ambiental con un enfoque en el manejo de los residuos sólidos. Hoy en día la industria dedicada a este sector a nivel mundial lleva a cabo prácticas sostenibles como la estandarización de procesos verdes, la reducción del uso de sustancias químicas tóxicas, la reducción en el uso de energía eléctrica, así como la transición a energías renovables y tecnologías sustentables. Estas buenas acciones son una aproximación muy valiosa para contribuir en la lucha contra el cambio climático.

Las empresas miembros de la Asociación Mexicana de Industrias de Investigación Farmacéutica (AMIIF) han mostrado un compromiso ambiental sólido y creciente a través del tiempo. La mayoría de ellas tienen prácticas ambientales de distintas magnitudes para controlar su impacto ambiental e incluso algunas han logrado disminuirlo a través de la tecnología y la sensibilización de sus grupos internos.

De acuerdo con nuestro Informe Social 2021, algunas de las prácticas de cuidado del agua más exitosas por parte de nuestros asociados incluyen su recuperación en procesos de retrolavado en la producción, para usarse como vapor en calderas y la cogeneración de agua helada y vapor. En lo que respecta a la energía, muchas de las empresas cuentan con tecnología de energías limpias y edificaciones sustentables, así como la transición de sus flotillas a autos eléctricos que ayuda a reducir las emisiones de GEI.

Dentro del ciclo productivo sostenible destaca el manejo adecuado de residuos por parte de la mayoría de nuestras empresas. Al menos el 52% de ellas tienen un sistema de manejo de desechos que trae impactos positivos como el tratamiento adecuado de más de 250 toneladas de residuos orgánicos, las cuales equivalen a 18% de las 1,400 toneladas que la Ciudad de México transforma en composta cada año1, así como el reciclaje de residuos y papel.

Un importante aliado para la disposición adecuada de los productos farmacéuticos es el Sistema Nacional de Gestión de Residuos de Envases de Medicamentos A.C. (SINGREM), asociación sin fines de lucro creada por la industria farmacéutica y enfocada en el manejo y disposición final de los medicamentos caducos y sus sobrantes. Las empresas afiliadas que reportaron a nuestro Informe Social entregaron en total más de 16 mil toneladas para su correcto manejo durante el 2021. Esto equivale al 15% de las 106,523 toneladas diarias de residuos sólidos urbanos que fueron recolectados en 2020 a nivel nacional. En 2018 la cifra fue de 107,055 toneladas.2

Los actores del sector salud debemos orientar nuestros procesos, operaciones, y servicios hacia energías limpias, renovables y saludables. Pero también debemos motivar a que la sociedad actúe en favor de nuestro planeta y seguir prácticas más sostenibles como una acción preventiva para la salud.

Pensar en la innovación y en el desarrollo sostenible significa participar activamente en la reducción de los impactos del cambio climático en la salud. Tenemos un camino por recorrer, pero las buenas prácticas de nuestra industria nos colocan en un lugar privilegiado para responder positivamente a nuestro planeta y a la sociedad.

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